La historia de la Inteligencia Artificial (IA) tiene hitos muy importantes. Ya en 1843, Charles Babbage diseñó la Máquina Analítica, considerada precursora de la computación moderna y de la idea de automatización. Un siglo después, en 1943, Warren McCulloch y Walter Pitts propusieron un modelo matemático de neuronas artificiales que abrió el camino a las redes neuronales.

En 1950, Alan Turing publicó Computing Machinery and Intelligence y planteó su famoso Test de Turing para medir la capacidad “inteligente” de una máquina. Poco más tarde, en 1956, la conferencia de Dartmouth dio inicio formal a la IA como disciplina académica.

Durante los años siguientes surgieron grandes avances, como ELIZA (1966), uno de los primeros programas que procesaba lenguaje natural, y en los años 80 los sistemas expertos, junto con las primeras aplicaciones prácticas de redes neuronales.

Un hito muy recordado ocurrió en 1997, cuando la supercomputadora Deep Blue de IBM derrotó al campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov. A partir de allí, la IA avanzó a pasos agigantados: en 2012, el aprendizaje profundo destacó en el reconocimiento de imágenes; en 2015 aparecieron los asistentes virtuales como Siri, Google Assistant y Alexa; y en 2018, modelos como GPT marcaron un antes y un después en el procesamiento del lenguaje natural.

Más recientemente, en 2020 la IA comenzó a aplicarse masivamente en salud, transporte y análisis de grandes volúmenes de datos, mientras que en 2022 se impulsaron los debates sobre ética y regulación, en paralelo con el crecimiento de la IA generativa y su integración en la vida cotidiana.